La ruta de la seda en la Península Ibérica: la historia única de las relaciones comerciales entre Asia y Europa

La ruta de la seda en la Península Ibérica: la historia única de las relaciones comerciales entre Asia y Europa

La Ruta de la Seda es uno de los episodios más importantes de la historia comercial y cultural de la humanidad. Desde tiempos antiguos, esta ruta comercial conectó Asia con Europa, y en ella se intercambiaron mercancías, religiones, culturas y tecnologías. Pero, ¿cómo llegó esta ruta a la Península Ibérica? ¿Cuál fue la historia de las relaciones comerciales entre Asia y Europa?

En este artículo, nos adentramos en la época de las grandes expediciones marítimas y descubrimientos geográficos, conociendo la historia del comercio entre la Península Ibérica y Asia a partir de la ruta de la seda.

La Ruta de la Seda: Un conexión comercial entre Asia y Europa
La Ruta de la Seda fue una red de rutas comerciales que unía a China y el Mediterráneo a través de Asia Central. Se la conocía como "seda" porque originalmente, los principales productos que se comercializaban eran la seda y otras materias textiles.

Esta ruta comercial comenzó a formarse en el primer siglo a.C. y se mantuvo activa durante más de mil años, alcanzando su apogeo durante la dinastía Tang de 618 a 907 d.C. y la dinastía Yuan de 1279 a 1368 d.C.

La Ruta de la Seda no solo fue una conexión comercial, sino también una ruta de transmisión cultural, ya que muchas veces viajaban misioneros, artistas y pensadores que llevaban consigo sus religiones, técnicas y conocimientos.

Los productos más valiosos que se comercializaban en esta ruta eran, además de la seda, especias, piedras preciosas, porcelana, metales, papel, esclavos, tecnologías, alimentos, y mucho más. Todo ello, formaba parte del comercio de lujo.

Con el tiempo, esta ruta también se conectó con otras otras rutas comerciales importantes, como la Ruta del Mar del Sur de China, que conectaba el sur de China con India y el sureste asiático, y la Ruta de la Sal, que unía los ríos Volga y Don en el norte de Rusia.

El inicio de las relaciones comerciales entre Asia y Europa
Desde el siglo XII, los cruzados europeos fundaron varios puestos comerciales en la región del Levante en Oriente Medio y comenzaron a comerciar directamente con los países de Asia.

Por aquel entonces, los comerciantes europeos no cruzaban el desierto de Taklamakan, uno de los puntos más peligrosos de la Ruta de la Seda, sino que, para llegar a China, se dirigían a los puertos persas del Golfo Pérsico. A partir de aquí, los productos eran transportados a China a través de la Ruta de la Seda terrestre.

Con la evolución de las embarcaciones y la tecnología marítima, a mediados del siglo XV, los portugueses emprendieron una serie de grandes expediciones marítimas hacia Asia, lideradas por el navegante Vasco de Gama y otros transitores.

Estos marinos lograron navegar por el Océano Índico y llegar a la costa oeste de la India, donde establecieron una serie de puestos comerciales y de colonias.

Gracias a estas expediciones, el tráfico comercial entre Europa y Asia comenzó a cambiar, y los productos comerciales comenzaron a llegar a Europa por vía marítima. La ruta de la seda se vio cada vez más afectada por el transporte marítimo y a finales del siglo XVIII había perdido su importancia como la principal vía comercial entre Asia y Europa.

La relación comercial entre la Península Ibérica y Asia
Durante los siglos XVI y XVII, la Península Ibérica (España y Portugal) se convirtió en el principal centro europeo de comercio con Asia, ya que, gracias a sus posesiones en el Atlántico, los portugueses y españoles podían hacer uso de la ruta marítima para comerciar directamente con Asia.

La carrera de los descubrimientos geográficos españoles y portugueses permitió una nueva forma de relación entre Asia y Europa.

Los puertos españoles y portugueses se llenaron con mercancías exóticas traídas de Asia, incluyendo especias como la canela, la pimienta, el jengibre, la nuez moscada y el clavo, así como también telas de lujo y porcelanas.

En cuanto a los metales preciosos, de los cuales España y Portugal disponían gracias a sus colonias americanas, se exportaban hacia Asia a cambio de seda. Con este intercambio, la ruta fluvial del Tajo y el Guadalquivir en España y el río Duero en Portugal, se volvieron rutas importantes para la comercialización de productos de Asia.

Sin embargo, a pesar de su ventaja estratégica, la relación comercial entre la Península Ibérica y Asia duró poco tiempo. La competencia en el comercio marítimo por parte de otros países europeos y la debilitación de los imperios coloniales después de las guerras napoleónicas, dejaron a Portugal y a España fuera del comercio trasatlántico.

Conclusión
En resumen, la Ruta de la Seda fue una de las rutas comerciales más importantes de la civilización humana y estuvo en funcionamiento durante más de mil años. Su importancia fue fundamental para la transmisión de conocimientos, culturas, religiones y tecnologías.

La relación comercial entre la Península Ibérica y Asia fue una época de gran importancia en la historia del comercio europeo. Gracias a los descubrimientos geográficos y la exploración de la capacidad marítima española y portuguesa, se inició una nueva forma de relación entre Asia y Europa que duró siglos.

A pesar de que las relaciones comerciales entre la Península Ibérica y Asia fueron disminuyendo a lo largo del tiempo, queda una huella importante en la historia de este comercio que ha tenido una influencia única y duradera en la cultura, la tecnología y el comercio como lo conocemos hoy en día.